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Dinero Extra

 

ÁFRICA - ORIGEN DE LOS AFROCOLOMBIANOS

África es uno de los cinco continentes en los que están divididas las tierras del planeta. Situada al sur de Europa y al lado del Asia Menor, en su seno se desarrolló la raza negra, que proliferó en numerosos pueblos y se matizó con muchas culturas.

 

 

 

Allí, en su ángulo nordeste, está el río Nilo, dominio de los Faraones, realzado por sus pirámides, riquísimo en sus palacios, ennoblecido por sus sabios, refinado en su nobleza, como cuna de la cultura universal. El norte del África fue escenario de una civilización hoy marchita que llegó a superar a muchos pueblos de la orilla norte del Mediterráneo. Allí se libraron guerras, allí florecieron manifestaciones religiosas y políticas, allí sobre todo, alzo sus tiendas y galopo en sus corceles la civilización árabe que había de aportar a la cultura moderna la penetración de sus matemáticos, el arte de sus arquitectos, jardineros y ceramistas, la inspiración de sus poetas y la sabiduría de sus médicos, químicos, físicos y astrónomos.

 

Egipto, Etiopía y norte de África (Pueblos morenos pero de facciones muy semejantes al europeo) se hallan separados del resto del continente por una larga cadena de desiertos, de los cuales el mas extenso es el del Sahara. Por largos siglos solo se aventuraban a cruzarlos, al paso de resistentes camellos y entre muchos peligros, los mercaderes que traficaban con riquísimos cargamentos de sedas, tapetes, marfiles, perfumes y gemas preciosas, cuyo valor superaba las distancias y los riesgos.

 

Y detrás del desierto se mantuvo desconocida el África tropical, la de los rinocerontes y el león, del hipopótamo y del elefante, del orangután, el gorila, la jirafa y la cebra; la de mil maravillas naturales y también la de los negros que vivían en su trópico, como nuestros indígenas americanos, en economías cerradas y que disfrutaban de su aislamiento tratando de lograr una vida mejor para su descendencia y una satisfacción mas adecuada de sus necesidades elementales.

 

Se ha dicho que el aspecto geográfico del África es en todo distinto de los demás continentes. No tiene, como América, una cordillera tan elevada repartiendo en forma sencilla las aguas entre los mares. Sus hoyas fluviales no aparecen iguales a las de América, casi paralelas, como si estuvieran peinadas y confluyendo en el mismo sentido del horizonte.

 

Los ríos mas caudalosos del África tropical son el Nilo, que desemboca al Mediterráneo en su ángulo del Sudeste; el Senegal, el Níger, el Congo y el Orange, que van al Atlántico. De las aguas que afluyen al Oriente, las más importantes son las del Zambaza, esas fueron las principales vías de penetración para los europeos que primero exploraron el inmenso y misterioso corazón de ese continente, y ellas también enmarcan la morada natural de los negros africanos.

 

Antes de que Colón descubriera la América, ya las naves de Portugal habían bordeado muchas veces el África y explorado sus costas. Si el choque entre Europa y América fue terrible para nuestros indígenas, mas desastroso fue para los pueblos africanos. Guerras, desigualdad religiosa, desprecio de las culturas atrasadas, hicieron que Europa mirara a los hombres de piel oscura como bárbaros enemigos y como seres inferiores, casi como animales. Todos los argumentos falsos se acumularon para despojar a los negros de los más elementales derechos humanos y para atribuir al más fuerte el aprovecharse de ellos en forma inmisericorde. De ahí nació y por eso se generalizo la esclavitud.

 

La conquista del Nuevo Mundo hispano estuvo, regida por los contratos que cada jefe descubridor celebraba, con la Casa de Contratación de Sevilla, pactados según las noticias que llegaban a Europa del oro y riquezas de las Indias. Pero las cosas de América no eran tan buenas ni tan fáciles como se imaginaban los peninsulares, y sobrevinieron las guerras con los nativos, al forzarlos a trabajar en las minas, a producir la alimentación de sus dominadores a serviles de cabalgaduras y de cargueros en los asperísimos caminos que se iban abriendo hacia el interior de las colonias.

 

Aquello era un mundo de tiranos y tiranizados, carente del respeto que infunden las ciencias etiológicas hacia los hombres y las culturas retrasadas. Los indígenas se fueron extinguiendo, despoblándose sus rancherías, asesinando su tradiciones y desplazando a los hombres y mujeres hacia el interior de las selvas y de las costas inaccesibles; en el preciso momento en que era mas necesaria su fuerza de trabajo, para las faenas de la vida colonial, que empezaba a ser mas humana.

 

De ahí nació la venida de los negros africanos a América para ejecutar los trabajos que habían aniquilado a los indígenas. Las bases de la esclavitud en América fueron, pues, la discriminación de razas y el agotamiento de los indígenas americanos.

 

Los principales grupos distinguidos por los antropólogos en la confusa masa de pueblos negros son los sudaneses, que se extienden desde las regiones occidentales pasando por las hoyas del Senegal y del Níger hasta el Sudán anglo-egipcio; los bantúes, cuyo centro principal era el Congo y tierras del sur y sudeste de África; los bosquimanos y los hotentotes, cuyo centro era el sudoeste de África; los negrillos o pigmeos, moradores del cordón ecuatorial africano.

 

Pero no nos interesa tanto esta clasificación, ya que dentro del África las migraciones de  las tribus, la esclavitud mutua y el intercambio de mujeres mezclaron hasta el máximo las ideas y los hábitos de los negros.

 

Había sin embargo, en toda la herencia del África negra algunos caracteres comunes que se habían de conservar en el fondo de las almas torturadas de los esclavos y en que consistió su aporte a la nueva sociedad americana.

 

Desnudos, arrancados intempestivamente de sus familias, separados de su paisaje, de sus ocupaciones habituales y de la organización social que aprendieron a respetar desde niños, los negros habían de sentar su mutuo entendimiento en un plano común muy elemental, en lo que les nacía mas del fondo del alma y en lo que consistían sus tradiciones mas arraigadas e insustituibles.

 

Veamos pues cual fue la herencia que nos vino del África:

 

1. Los pueblos no olvidan sus alimentos familiares. Al venir los negros a  América trajeron los frutos a que estaban familiarizados: la patilla o sandia; el gombo que encontramos hoy en el departamento de Bolívar; el ñame y, posiblemente, varias especies de plátanos.

 

2. Asimismo los hombres se apegan a sus ritmos musicales. Cuando el negro se vio en América, y su padecer y el azote de sus amos le dieron tregua una de sus primeras aspiraciones debió ser la de reconstruir sus primitivos instrumentos musicales, un carrizo, una tambora, para modular con ellos una evocación de su patria perdida, y, al oírla, otros negros y negras debieron sentir el escalofrió de una alegría dormida en el recuerdo y saldrían al ruedo para revivir, a ocultas de sus opresores, su antigua y nueva danza, que es su manera de interpretar la alegría y la gracia, la belleza y el amor. Nació así la música Afroamericana.

 

3. Sin embargo la cualidad y dote más permanente de la raza negra habían de ser sus creencias religiosas y sus ritos, los cuales, a pesar de la esclavitud, tuvieron larga permanencia en tierras para ellos extrañas de América.

 

4. Entre los negros es notable el arte de los tejidos elaborados con hojas de palma. Es muy probable que muchas manifestaciones de esa habilidad y de esa gracia que presentan los objetos folklóricos americanos nos vengan del África.

 

5. La medicina negra, también el arte, envuelven en sí un elemento de terror mágico y sugestivo. El mismo se advierte en muchas de las prácticas médicas y en la personalidad de los curanderos populares en América y en los bailes hipnotizantes como el batuque.

 

6. Para el europeo, la muerte es tristeza fría y callada, para el indígena es fiesta y para el negro es alarde de sentimientos. También nuestros negros juntan a sus velorios todas las lamentaciones cargadas de dolor y cantan sus afras.

 

Como recuerdo africano podemos tomas también esa costumbre y habilidad con que las negras americanas llevan en la cabeza las ollas, los cantaros, a veces pesados, o también objetos ligeros, manteniendo el equilibrio y el ritmo de andar por senderos escabrosos y largos caminos.

 

Pero, sin duda, el aporte más considerable del negro a su nueva sociedad en América fue su cuerpo y sus dotes hereditarias, su pigmento y su piel, sus músculos y sus caderas, su pelo y su andar, su salud en los peores climas y su reciedumbre para trabajar en ellos.

 

Lo bueno y lo malo del África se debe aceptar como es y porque es parte de nuestra vida nacional. Porque a los negros se les debe culpar también la introducción de varias enfermedades en América tropical, una de las cuales, y no la menor, es la anemia tropical determinada por ciertos gusanos intestinales.

 

7. No es superfluo recordar, por último, la extraordinaria superioridad física del negro en los deportes ya sea como boxeadores, como futbolistas, beisbolistas, corredores y en casi todos los deportes de exigencia física.

 

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Fuente:

PRECOLOMBIA introducción al estudio del indígena colombiano. At. Teresa Arango Bueno. Ed. Sucesores de Rivadeneyra S.A.

 


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